EL CAMINO INCRUENTO AL ESTATISMO SOCIALISTA ✍ Claudio Chaves

Todas las revoluciones de orden social-marxistas han tenido su cuota de
violencia. Es inherente a su cuerpo ideológico. La Comuna de París, la
Revolución Bolchevique, los distintos movimientos revolucionarios en
Baviera, Munich y Berlín en 1918, Ho Chi Minh en Vietnam, Mao en China,
el Jemer Rojo en Camboya, Fidel Castro, el Sandinismo. Incluso la vía
pacífica al socialismo de Salvador Allende, no fue así. De modo que anunciar
públicamente que se marcha en esa dirección implica necesariamente
prepararse para la violencia. Hoy esta conducta ha variado.
En la actualidad y para evitar prevenciones, de eso no se habla, se actúa, de
forma que el resultado de esas determinaciones que se toman sobre la marcha
desemboque de manera natural, casi imperceptible en la ciénaga que todo lo
traga: el estatismo socializante.
En este proceso político silencioso hay quienes tienen absolutamente
identificado el final, a donde van, hacia donde se dirigen. Tienen claro
también que una vez que se pasó una línea es muy difícil retroceder. El caso
de Venezuela es más que evidente, Chávez contó con el apoyo de un sector de
los políticos tradicionales como Rafael Caldera y pasados unos años a medida
que profundizaba las medidas comenzó a hablar del socialismo del siglo XXI.
¡Era tarde! Muchos de sus primeros amigos habían quedado en el camino.
Aquí en nuestro país conviene estar prevenido. No digo que Alberto y sus
Ministros pretendan de manera consciente llevarnos a la ciénaga pero sectores
de su frente, sin decirlo abiertamente, empujan hacia allí.
Alguien puede creer, excepto se trate de una persona angelical portadora de
una inocencia bautismal, que a Horacio Verbitsky le preocupa la salud de los
argentinos, cuando fue el responsable de cientos de muertes que ejecutaba de
manera directa o indirecta en sus años de terrorista, con la frialdad propia de
un sicópata, como afirmaba el general Perón. Y que hasta el día de hoy no ha
hecho una autocrítica del accionar de las bandas subversivas.

Y esto lo digo porque en su periódico Cohete a la Luna del domingo 30 de
agosto publicó una nota del doctor Alberto Kornblihtt, que el periodista
replicó por radio el martes siguiente, donde aseguraba que para Navidad
vamos a tener 364.000 muertos por Covid 19. El terror es la mejor
herramienta para tener paralizada a la sociedad y pasar a depender del Estado,
objetivo central de la izquierda kirchnerista. El periódico Página 12 se
encuentra en la misma jugarreta, junto a las organizaciones sociales y
Grabois. Se trata de avanzar sobre la propiedad privada y pública de hecho,
condicionando al gobierno a aceptar los hechos consumados. El gobierno se
halla en una disyuntiva muy compleja. Acepta o desaloja. Cuanto más
encerrados estemos los argentinos más espacio encuentran los estatistas. La
quiebra de la actividad privada deja al Estado la ancha avenida de los
negocios. Claro los economistas y los políticos afirman que sería una locura
puesto que el Estado está fundido, bueno llegado a un punto límite lo que resta
son expropiaciones.
El periodista Mario Wainfield en Página 12, del 7 de agosto, ha redactado un
alegato defensivo de las tomas de terrenos con varios argumentos, el más
sorprendente por lo disparatado, que ni siquiera Lenín o Castro hubieran
escrito, dice así: ¨Las monsergas a favor de la propiedad privada carecen de
sentido porque los terrenos ocupados son públicos.¨ Para la izquierda
argentina ya no hay derecho ni a los espacios públicos. Se han quedado sin
discurso, su proyecto es tan chiquito que apoderarse de los bienes sociales es
un acto de justicia.
Finalmente en tiempos en que pocos dicen lo que piensan los marxistas
vergonzantes se suman a la careteada.

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