Aunque su líder Fernando Ruiz Díaz prefiera hablar de reencarnación en vez de regreso, a partir de la presencia en su formación de algunos nuevos integrantes, Catupecu Machu mostró anoche en el Movistar Arena que ambos conceptos, lejos de presentarse como opuestos, pueden convivir en esta nueva etapa del grupo.
Es que la banda puso en escena la apasionada entrega y destiló la adrenalina que la caracterizó en sus casi tres décadas de existencia, pero a eso le sumó una emotividad que se mantuvo a flor de piel a lo largo de todo el concierto, a partir de la constante evocación al recordado Gabriel Ruiz Díaz, la otra mitad fundadora del grupo, y el orgullo puesto en evidencia por Fernando por su paternidad.
Y aunque es verdad que la formación cuenta con sangre renovada con la inclusión del baterista Julián Gondell y el bajista Charles Noguera, los socios de Fernando en Vanthra, su más reciente proyecto musical; el regreso del histórico Abril Sosa permite establecer un lazo directo con su pasado más glorioso.
En ese contexto, la esencia de Catupecu Machu tomó cuerpo en enérgicas interpretaciones de sus grandes clásicos y se proyectó hacia el futuro, con el estreno de un tema que será parte de un nuevo disco y una agenda que prevé para el resto del año recitales en distintos puntos del país y en ciudades europeas, que dan la pauta que la banda está definitivamente de vuelta.
En poco más de dos horas y media de concierto, con un Fernando Ruiz Díaz locuaz y sobreexcitado como siempre, pero además emocionado como nunca, el grupo cargó de electricidad el ambiente a fuerza de distor
