Pese a las promesas de una baja impositiva profunda para 2026, el Ejecutivo decidió fragmentar el proyecto y postergar los cambios estructurales hasta que se consolide la recuperación económica.
El ambicioso plan de reforma tributaria que el Gobierno de Javier Milei proyectaba para este año ha entrado en una fase de postergación y fragmentación. Tras el inicio de las sesiones ordinarias en el Congreso, el Poder Ejecutivo ha decidido priorizar el sostenimiento del superávit fiscal y las negociaciones políticas antes que avanzar con un paquete cerrado de rebajas impositivas.
Aunque el Presidente ratificó recientemente la necesidad de un nuevo marco fiscal, la realidad de las cuentas públicas ha impuesto un freno. Las principales causas de esta demora son:
–Margen fiscal limitado: Desde el Ministerio de Economía advierten que no hay espacio para un sacrificio inmediato de recaudación (estimado en 0,8 puntos del PBI) sin poner en riesgo el equilibrio financiero.
–Estrategia de fragmentación: Ante la resistencia de las provincias y la falta de mayorías claras, el Ejecutivo optó por dividir la reforma en etapas, priorizando primero leyes de «modernización laboral» y cambios puntuales.
–Negociación con gobernadores: El envío del proyecto definitivo se espera para los próximos meses, supeditado a acuerdos de coparticipación que garanticen su viabilidad en el Congreso.
Si bien la reforma integral está en pausa, ya rigen algunas modificaciones graduales que buscan dar señales al mercado:
–Tecnología: En enero desaparecieron los aranceles de importación e impuestos internos para celulares y monitores, reduciendo costos hasta un 40%.
–Sector Agropecuario: Se implementó una baja en las retenciones a la soja (del 33% al 26%), maíz y carnes, aunque el sector reclama una quita total.
–Monotributo: La agencia ARCA actualizó las escalas para marzo de 2026, con cuotas que parten desde los $42.386 para la categoría A.
Perspectivas para el sector privado
El empresariado, que esperaba un 2026 marcado por una fuerte descompresión tributaria, deberá esperar. El mensaje oficial es claro: las bajas impositivas significativas solo llegarán en la medida en que la actividad económica repunte y permita compensar la caída en la recaudación por volumen de negocios.
Por el momento, el Congreso se mantiene a la espera del paquete de «reformas estructurales» prometido, mientras el Gobierno gestiona la impaciencia de los sectores productivos con medidas de alivio puntuales y parciales.
