Bajo el argumento de proteger la salud pública, especialmente la de los menores, las autoridades anunciaron un plan integral para fiscalizar la comercialización y publicidad de estos dispositivos, cuya venta ya estaba prohibida pero seguía operando en una «zona gris».
El avance de los vaporizadores y cigarrillos electrónicos en el mercado local ha puesto en alerta máxima a las autoridades sanitarias. Esta mañana, el Gobierno confirmó que pondrá en marcha un operativo de «tolerancia cero» para controlar la venta de estos dispositivos, ante el crecimiento exponencial de su consumo en adolescentes y la falta de regulación efectiva en los canales de venta online.
A pesar de que la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) prohíbe desde hace años la importación, distribución y comercialización de estos productos, la realidad en las calles y redes sociales es distinta. El fácil acceso a través de plataformas de e-commerce y perfiles de Instagram ha generado un mercado negro que el Ministerio de Salud busca desmantelar.
«No se trata solo de una infracción comercial; estamos ante un problema de salud pública. Muchos de estos dispositivos contienen niveles de nicotina incluso superiores al cigarrillo tradicional y sustancias químicas cuyos efectos a largo plazo aún estamos descubriendo», señalaron fuentes oficiales durante el anuncio.
Los tres pilares del plan oficial:
1-Ciberpatrullaje y bajas de publicaciones: Se trabajará en conjunto con plataformas de venta online para identificar y dar de baja automáticamente los anuncios de «vapes», pods y esencias.
2-Multas a comercios físicos: Se intensificarán las inspecciones en locales de tecnología, «grow shops» y kioscos que exhiban estos productos de manera ilegal.
3-Restricción publicitaria: Se perseguirá la promoción de estos dispositivos por parte de «influencers», bajo la premisa de que fomentan un hábito nocivo presentándolo como un accesorio de moda.
La medida local se alinea con una tendencia internacional. Países como Reino Unido, Australia y varios estados de EE. UU. han comenzado a prohibir los vapeadores descartables y los sabores frutales, diseñados específicamente para atraer al público joven.
Desde las cámaras que agrupan a comercios del sector, algunos sectores reclaman una «regulación justa» en lugar de una prohibición total, argumentando que el vapeo es una herramienta para dejar de fumar. Sin embargo, el consenso médico actual es tajante: no hay evidencia de que sean inocuos y, por el contrario, funcionan como la «puerta de entrada» al tabaquismo para las nuevas generaciones.
Se espera que en las próximas semanas comiencen a verse los resultados de las primeras actas de infracción en los principales centros urbanos del país.
