La inteligencia artificial redujo costos, tiempos y barreras para transformar una idea en un producto. Para Paisanos y Fardo, el nuevo escenario desplaza el desafío: ya no alcanza con poder construir; hay que saber qué construir, para quién, cómo diferenciarse y cómo lograr que un producto crezca.
Construir un producto tecnológico nunca fue tan rápido ni tan accesible. Una idea que algunos años atrás requería capital, un equipo de desarrollo y meses de trabajo hoy puede convertirse en un primer prototipo en días. La inteligencia artificial, las herramientas no-code —que permiten desarrollar aplicaciones sin escribir código— y el llamado vibe coding —una forma de crear software indicándole a una IA, en lenguaje natural, qué se quiere construir— están reduciendo las barreras para emprender, incluso entre quienes no saben programar.
Pero esa facilidad también cambia las reglas. Si construir se vuelve más sencillo para todos, desarrollar tecnología deja de ser, por sí solo, una ventaja competitiva. Desde Paisanos, empresa de tecnología y creatividad, sostienen que el desafío se desplazó hacia detectar problemas relevantes, conocer al usuario, validar antes de invertir y tomar mejores decisiones de producto.
“Antes la pregunta era: “¿cómo lo construyo?”. Hoy es “¿lo tengo que construir?”. Programar dejó de ser el cuello de botella. Ahora pesan más el criterio para detectar un problema real, la capacidad de hablar con usuarios, de priorizar y de medir”, explican desde Paisanos.
Para la compañía, negocio, producto y diseño deben pensarse de manera integrada desde el comienzo. Uno de los errores más frecuentes de las startups es enamorarse de una solución antes de comprender el problema: construir durante meses algo que nadie pidió y validar recién al final, cuando cambiar de rumbo ya resulta costoso. El diseño tampoco debería aparecer como una capa final, sino como parte de la forma en que el producto resuelve una necesidad.
Ese cambio modifica además la estructura de los equipos. Hoy dos o tres personas pueden hacer tareas que hace algunos años requerían grupos mucho mayores y llegar a un MVP (producto mínimo viable), una primera versión funcional que permite probar una idea con usuarios, con menor inversión y en semanas en lugar de meses.
La IA baja las barreras, pero no reemplaza el criterio
Para Fardo, compañía especializada en AI Answer Intelligence, uno de los principales efectos de la inteligencia artificial sobre el emprendedurismo es haber reducido el costo de probar y equivocarse. Con herramientas de vibe coding, una persona que no programa puede crear desde una landing page hasta una aplicación sencilla o un panel interno y poner una idea frente a potenciales usuarios antes de realizar una inversión importante.
Pero más herramientas no garantizan mejores productos. La facilidad para crear también multiplica propuestas similares y hace que la velocidad deje de ser un diferencial. “La IA amplifica lo que ya hay: si alguien entiende bien un problema, lo ayuda a resolverlo mejor y más rápido; si no lo entiende, lo ayuda a equivocarse más rápido”, señalan desde Fardo.
La diferencia, según Fardo, empieza a concentrarse en tres aspectos: conocer en profundidad un problema o una industria; tener criterio para decidir qué no construir, qué priorizar y cuándo un producto está realmente listo; y generar confianza y distribución. Cada vez más personas consultan modelos de IA para saber qué herramienta utilizar, qué producto elegir o qué marca puede resolver una necesidad. Una startup, por lo tanto, no sólo necesita un buen producto: también debe conseguir ser encontrada, comprendida y eventualmente recomendada. “La IA bajó el costo de construir, pero subió la exigencia de ser relevante”, resumen.
Talento que necesita conectarse
El ecosistema argentino suma otro desafío: conectar capacidades que ya existen. Para Paisanos, hacen falta tres elementos para que más talento pueda convertirse en proyectos propios: comunidad, referentes y acceso a capital, mentores y potenciales socios.
Tandil es un ejemplo concreto. La ciudad cuenta con la UNICEN, un polo informático con más de 50 empresas nucleadas en la CEPIT y alrededor de 2.000 personas trabajando en el sector IT. Buena parte de esos profesionales ya desarrolla soluciones para compañías nacionales e internacionales, pero ese conocimiento permanece distribuido entre distintas organizaciones. “El talento ya está. Lo que falta es conectarlo”, sostienen desde Paisanos.
Ese diagnóstico es el marco de Tandil Tech Week, que reunirá durante dos jornadas a fundadores, desarrolladores, estudiantes, inversores y referentes. Paisanos y Fardo participan de la iniciativa junto con Picante, Relaw, HackTandil y Geonossis. Habrá una hackathon de ciberseguridad en el campus de la UNICEN y una jornada dedicada a startups, producto, inteligencia artificial, marketing e inversión.
“En una startup esos temas no están separados. Una idea que no se puede proteger no escala. Un producto que nadie conoce no crece. Una inversión sin un producto sólido detrás dura poco”, plantea Paisanos.
Qué necesitan las startups para crecer
Para Paisanos y Fardo, competir desde Argentina en mercados regionales o globales exige estándares de calidad globales desde el comienzo, procesos sólidos de producto, capacidad de medir, iterar y escuchar al usuario, una marca clara y criterios de seguridad y escalabilidad incorporados desde el diseño.
También implica revisar algunas ideas instaladas. Desde Paisanos señalan que no hace falta una idea completamente única, sino comprender un problema mejor que otros y ejecutarlo bien; construir primero y buscar usuarios después puede significar perder meses y recursos; y levantar inversión no debería ser un objetivo en sí mismo, sino un medio para desarrollar algo que las personas usen y valoren. Tampoco consideran que crear una compañía tecnológica requiera necesariamente instalarse en Buenos Aires o fuera del país.
Aunque la volatilidad del contexto y el acceso al capital siguen siendo obstáculos para las startups argentinas y latinoamericanas, Paisanos identifica una dificultad adicional puertas adentro: pasar de tener un producto que funciona a construir uno capaz de escalar. Muchas compañías quedan en ese punto intermedio por crecer sin procesos, sin suficiente foco en producto o sin comprender profundamente a sus usuarios. “El talento sobra. Lo que falta muchas veces es la estructura para acompañarlo”, sostienen.
En ese recorrido, Paisanos aporta una mirada centrada en negocio, producto y diseño —validar antes de construir, pensar desde el usuario y transformar un prototipo en un producto escalable—, mientras Fardo pone el foco en cómo la IA modifica tanto la creación como la competencia por la visibilidad.
La tecnología permite hoy construir más rápido, con equipos más chicos y menos recursos. Pero esa democratización vuelve más importante las capacidades que no se automatizan: entender un problema, elegir qué vale la pena construir, desarrollar un producto que pueda crecer y lograr que encuentre su mercado.
