En lo que se consolidan como las primeras elecciones generales desde los ataques del 7 de octubre de 2023, unos 7,3 millones de ciudadanos israelíes acuden este martes a las urnas para definir la conformación de la Knéset número 26. La jornada está marcada por una concurrencia masiva que, según la Comisión Electoral Central, ya superaba al mediodía el 31,5% de participación, la cifra más alta registrada desde 1977.
Los comicios se leen en clave de referéndum sobre el liderazgo del primer ministro, Benjamín Netanyahu, quien busca su continuidad al frente del partido Likud en un escenario de extrema paridad. Su principal contendiente es el exjefe del Estado Mayor y líder de la fuerza centrista e integradora Yashar, Gadi Eisenkot, quien capitaliza el descontento de amplios sectores que exigen una investigación independiente sobre los fallos de seguridad de 2023 y cuestionan los frentes de conflicto abiertos en la región.
El debate público no solo gira en torno a las campañas militares y la seguridad externa, sino también a profundas fracturas internas. Entre los temas prioritarios para los electores destacan el exponencial aumento del costo de vida, la exención del servicio militar obligatorio para los sectores judíos ultraortodoxos y el futuro del equilibrio democrático del país.
El sistema de representación proporcional pura obliga a la obtención de al menos 61 de los 120 escaños de la Knéset para constituir gobierno. Las encuestas previas delinean un escenario sumamente fragmentado donde ninguno de los bloques principales tiene asegurada una mayoría absoluta propia, lo que anticipa semanas de intensas negociaciones en las que los partidos minoritarios y árabes de la coalición resultarán determinantes para destrabar el rumbo político de Israel.
