El calendario marca una de las fechas más reflexivas para la historia argentina y latinoamericana. Se cumplen 176 años del fallecimiento del General José de San Martín, el Padre de la Patria, quien dejó este mundo un 17 de agosto de 1850 en su exilio de Boulogne-sur-Mer, Francia. Lejos de la tierra que liberó, pero con la certeza de haber cumplido su misión americana, el prócer máximo de nuestra nacionalidad pasó a la inmortalidad dejando un legado político, militar y moral que cruza los siglos.
Los últimos años en el exilio francés
Hacia 1850, San Martín era un hombre de 72 años con la salud profundamente debilitada por el asma, el reumatismo y las úlceras estomacales. Vivía junto a su hija Mercedes, su yerno Mariano Balcarce y sus nietas.
Aquel sábado 17 de agosto, según los relatos históricos de su entorno, el General se levantó con dolores agudos. Pasadas las dos de la tarde, se recostó en la cama de su hija y, a las 15:00 horas, falleció pacíficamente. Fiel a la austeridad que gobernó su vida, sus últimas voluntades testamentarias prohibieron la realización de funerales ostentosos.
Una gesta militar sin precedentes
La figura de San Martín se agiganta al repasar su audacia estratégica. Su plan continental combinó una visión geopolítica brillante y una ejecución logística impecable:
El Cruce de los Andes (1817): Lideró a más de 5.000 hombres, miles de mulas y piezas de artillería a través de una de las cadenas montañosas más altas del mundo, sorprendiendo a las fuerzas realistas.
La liberación de Chile: Consolidada tras las batallas de Chacabuco y Maipú.
La independencia del Perú (1821): Declarada en Lima, donde asumió el cargo de Protector para organizar las bases institucionales de la naciente república.
El renunciamiento y las Máximas
El quiebre definitivo de su carrera pública ocurrió tras la histórica Entrevista de Guayaquil con Simón Bolívar en 1822. San Martín, entendiendo que el protagonismo personal no debía trabar la causa de la emancipación, decidió retirarse del mando militar y dar paso al líder venezolano para concluir la guerra de independencia.
Además de su espada, San Martín legó principios morales fundamentales. Las famosas Máximas para su hija Mercedes, escritas en 1825, resumen su ética: el amor a la verdad, la tolerancia religiosa, la humanidad con los humildes y el desprecio por el lujo innecesario.
El regreso a su tierra
Aunque San Martín expresó en su testamento el deseo de que su corazón descansara en Buenos Aires, sus restos permanecieron en Francia durante tres décadas. Fue recién en 1880, bajo la presidencia de Nicolás Avellaneda, cuando sus cenizas fueron repatriadas. Hoy descansan en la Capilla de Nuestra Señora de la Paz, ubicada en la Catedral Metropolitana de Buenos Aires, custodiados permanentemente por el Regimiento de Granaderos a Caballo que él mismo fundó.
A casi dos siglos de su partida, el aniversario de su fallecimiento no solo invita a recordar las batallas ganadas, sino a revalidar los valores de unidad, desprendimiento e integridad civil que el Libertador defendió hasta su último aliento.
