El sector lácteo argentino atraviesa uno de los escenarios más complejos de las últimas décadas. Según los últimos relevamientos de la industria, el consumo de leche y sus derivados registró un derrumbe sostenido en el mercado interno, alcanzando los niveles más bajos de los que se tenga registro.
La combinación de una persistente pérdida del poder adquisitivo de los hogares y los constantes aumentos de precios en la cadena de distribución forzó a miles de familias a recortar drásticamente las compras de productos esenciales como quesos, yogures, mantecas y, en los casos más graves, la propia leche fluida.
Caída en picada de las ventas
De acuerdo con los datos sectoriales, el volumen de ventas en supermercados y comercios de cercanía experimentó un retroceso de dos dígitos en lo que va del año. Los productos premium o de mayor valor agregado, como los yogures funcionales y los quesos duros, son los que exhiben las mayores bajas, con caídas que superan el 20% interanual.
Esta retracción del mercado interno generó un fuerte sobrestock en las principales usinas lácteas del país, las cuales se ven obligadas a recalibrar sus planes de producción ante la falta de compradores.
La encrucijada de los productores
En el otro extremo de la cadena, los tamberos e industriales advierten que la situación es insostenible. Con costos de producción dolarizados (alimento balanceado, combustibles y paritarias) y un precio percibido por litro que no llega a cubrir los gastos operativos, muchos establecimientos medianos y pequeños evalúan el cierre definitivo o la reconversión de sus actividades.
A pesar de que algunas empresas intentaron volcar sus excedentes hacia los mercados de exportación para compensar la crisis local, la caída de los precios internacionales de la leche en polvo y las barreras arancelarias limitaron esta vía de escape.
Perspectivas desalentadoras
Especialistas del sector de consumo masivo coinciden en que no se vislumbra una recuperación en el corto plazo. Sin políticas de estímulo enfocadas en la recomposición de los salarios o incentivos fiscales directos para la cadena de producción, el consumo de lácteos —un indicador clave de la seguridad alimentaria de la población— continuará en niveles críticos, transformando lo que antes era un alimento básico en un artículo de lujo.
