Facundo Aguinaga, CEO y cofundador de Paisanos.io, advierte que sumar software, abrir un canal de venta online o implementar inteligencia artificial no alcanza para transformar una organización. Según su diagnóstico, el verdadero cambio exige aceptar el error, crear equipos con capacidad real de decisión y medir resultados de negocio. También anticipa una fuerte disrupción en salud y un nuevo rol para las tiendas físicas, los docentes y los sistemas de datos.
La próxima gran transformación digital de las empresas no se definirá por cuántas herramientas de inteligencia artificial incorporen, sino por cuánto estén dispuestas a cambiar su forma de decidir. Esa es la principal advertencia de Facundo Aguinaga, CEO y cofundador de Paisanos.io, empresa de tecnología y creatividad, quien sostiene que muchas compañías compran tecnología para modernizarse, pero mantienen intactos los procesos, las jerarquías y los hábitos que las vuelven lentas.
Para Aguinaga, el punto de quiebre aparece cuando una organización deja de actuar sobre la base de “certezas heredadas” y empieza a validar sus decisiones con evidencia. La pregunta ya no es solamente qué sistema comprar, sino quién necesita una solución, por qué la necesita ahora y cómo se medirá si funcionó. En esa mirada, el presupuesto de tecnología es secundario frente a un cambio más profundo: quién tiene permiso para proponer, probar y corregir.
El principal anticuerpo contra ese proceso, según el ejecutivo, es una cultura que sanciona el error. Si equivocarse puede costar el puesto, ningún empleado se arriesgará a probar una herramienta nueva, especialmente en un contexto en el que la inteligencia artificial cambia con rapidez. Posiblemente las nuevas iniciativas necesitan fomentar la libertad de acción responsable, que no castigue el error y que los líderes tengan la espalda para poder contener a las ideas de su equipo. Por eso propone equipos pequeños, de dos o tres personas, con “ownership” real, capacidad de decisión y un experimento acotado a cuatro o seis semanas.
La advertencia también alcanza a los proyectos de digitalización que se concentran en la compra de sistemas sin revisar el proceso de fondo. Aguinaga menciona como patrón frecuente a empresas que adquieren CRM costosos, pero conservan cotizaciones en planillas de cálculo, aprobaciones por correo electrónico e información concentrada en una sola persona. El resultado es que el cuello de botella permanece y la organización suma una suscripción mensual sin resolver el problema original.
Entre los sectores con mayor presión de cambio, el ejecutivo ubica a la salud. No la describe como la industria más lenta, sino como aquella donde se acumulan con mayor intensidad el crecimiento de los costos, la escasez de profesionales y la necesidad de pasar de un modelo reactivo, o sea pasar de atender al paciente cuando ya está enfermo a un sistema preventivo. En ese escenario, estima que la disrupción podría acelerarse cuando aparezcan modelos capaces de utilizar IA en una primera línea de diagnóstico y liberar a los profesionales para los casos de mayor complejidad.
En paralelo, plantea que el cuello de botella casi nunca es la falta de tecnología sino la falta de integración. La información clínica puede existir en la clínica, el laboratorio, la prepaga y la farmacia, pero quedar fragmentada entre bases de datos que no se comunican. Para avanzar hacia una atención preventiva, sostiene, el dato debería acompañar al paciente y no quedar atrapado en el sistema que lo generó.
El análisis se extiende al retail, donde el ejecutivo considera superada la idea de que las tiendas físicas deben enfrentar al e-commerce con las mismas armas. La logística, el stock en tiempo real, el retiro en el local y la reserva de probadores pueden resolverse con tecnología; pero la ventaja diferencial del local está en la experiencia: probar, tocar, recibir asesoramiento y vivir la marca. La tienda, en esta visión, deja de ser solo un punto de venta y puede convertirse también en un espacio para nuevos negocios, como cafeterías integradas a locales de indumentaria.
En educación, el cambio de fondo tampoco sería grabar las mismas clases y subirlas a una plataforma. Aguinaga propone pensar la formación como un mapa de progreso, en el que el estudiante pueda identificar cuánto avanzó y qué le falta. La inteligencia artificial ahí cumple un rol de soporte, un tutor disponible todo el tiempo, pero no es el centro de la propuesta. El valor diferencial de la institución seguiría estando en la comunidad, el criterio, la contención y el acompañamiento frente a la frustración.
En referencia al campo concluye que es un sector altamente tecnológico, con avances en genética, maquinaria de precisión y drones. El recambio generacional y el acceso a internet satelital aceleraron además la adopción de software para mejorar márgenes, logística, rentabilidad y calidad.
Su síntesis para los líderes que sienten que están quedándose atrás es directa: trabajar primero sobre la cultura, salir a observar cómo otras industrias resolvieron problemas similares, pasar de acumular información a experimentar, medir un número concreto del negocio y darle a una iniciativa pequeña un plazo breve para demostrar resultados.

