El reciente y abrupto cierre de la histórica fábrica de neumáticos, que dejó a 920 trabajadores en la calle, ha encendido las alarmas no solo por la pérdida de empleos, sino por la creciente vulnerabilidad de los trabajadores en Argentina. Este hecho, sumado al avance de una controvertida reforma laboral en el Congreso, pone sobre la mesa una herramienta a menudo subestimada pero hoy más crucial que nunca: el examen de egreso laboral.
El caso de FATE, una empresa con más de 80 años de trayectoria en el país, es un crudo recordatorio de la fragilidad del empleo. La decisión de la compañía de cerrar su planta en San Fernando y despedir a la totalidad de su personal se produce en un momento en que el debate público está centrado en la «Ley de Modernización Laboral». Esta reforma, que ya cuenta con media sanción del Senado, propone cambios profundos en la legislación laboral.
Uno de los puntos más polémicos de la reforma es la modificación del sistema de indemnizaciones por despido, que además contempla la posibilidad de pagar estas indemnizaciones en cuotas; y la creación de un «Fondo de Asistencia Laboral» (FAL) que sustituiría el sistema actual. En este contexto de flexibilización y reducción de las compensaciones económicas, la salud del trabajador al finalizar la relación laboral cobra una importancia capital.
¿Qué sucede si un empleado es despedido después de años de exposición a agentes de riesgo y ha desarrollado una enfermedad profesional? Aquí es donde entra en juego el examen de egreso.
Regulado por la Ley de Riesgos del Trabajo (Nº 24.557) y resoluciones de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT), el examen de egreso tiene como propósito fundamental «comprobar el estado de salud del trabajador frente a los elementos de riesgo a los que hubiere sido expuesto al momento de la desvinculación». Su finalidad es permitir el tratamiento oportuno de enfermedades profesionales y detectar posibles secuelas incapacitantes.
Sin embargo, a diferencia del examen preocupacional (de ingreso), el examen de egreso no es obligatorio para el empleador, sino optativo. Puede realizarse desde 10 días antes hasta 30 días después de finalizada la relación laboral. Esta falta de obligatoriedad deja en manos del trabajador la iniciativa de solicitarlo, o en la buena voluntad de la empresa el ofrecerlo. «El cumplimiento de los exámenes laborales no solo responde a una obligación legal, sino que constituye una herramienta clave para el cuidado de la salud del trabajador y la prevención de enfermedades profesionales», comenta Federico Martín, director médico (Matrícula nacional 105.536 y médico del trabajo inscripción N 6674) de Praevida, empresa especializada en medicina laboral.
Ante este panorama, el Dr. Martín ofrece una serie de recomendaciones y alertas tanto para el trabajador que se desvincula como para la empresa que despide.
Para el Empleado:
• Solicite siempre el examen de egreso, especialmente si su trabajo implicó exposición a ruidos, productos químicos, esfuerzos físicos repetitivos o cualquier otro agente de riesgo. No es un mero trámite, es su derecho y su principal prueba.
• Guarde una copia de todos sus estudios médicos laborales, desde el preocupacional hasta el de egreso. Esta documentación es vital para demostrar la evolución de su estado de salud y fundamentar un posible reclamo futuro.
• En un contexto de desvinculación, es posible que se sienta presionado a firmar la baja sin realizar el examen. Recuerde que tiene hasta 30 días después del cese para solicitarlo. Su salud a largo plazo es la prioridad.
Para el Empleador:
• No subestime el valor del examen de egreso. Aunque sea optativo, realizarlo es una salvaguarda legal. Un examen que certifica el buen estado de salud de un ex-empleado puede desestimar futuras demandas infundadas por enfermedades que no se originaron en el ámbito laboral.
• Vea el examen de egreso como una inversión y no como un gasto. Es la foto final que cierra el legajo de salud del trabajador y delimita su responsabilidad. Demuestra diligencia y un compromiso con la salud ocupacional, lo que a su vez protege la reputación de la empresa.
• Fomentar la realización de los exámenes de egreso es parte de una cultura de prevención. Un trabajador que se va en buenos términos y con su salud documentada es menos propenso a iniciar litigios.
“Ante un escenario de despidos masivos y una reforma que modifica los costos de desvinculación, el examen de egreso se convierte en un escudo protector para el trabajador. Es la única constancia médica fehaciente que puede documentar el estado de salud de una persona al dejar su puesto, y puede ser una prueba fundamental para futuros reclamos por enfermedades laborales que, de otro modo, serían difíciles de vincular con su actividad anterior”, concluye el experto.

