La ciudad de Paraná intenta recuperar la normalidad luego de una tormenta devastadora que dejó más de 120 milímetros de lluvia en pocas horas, calles convertidas en ríos y un saldo trágico: la confirmación del fallecimiento de una menor arrastrada por la corriente.
Lo que comenzó como una alerta naranja emitida por el Servicio Meteorológico Nacional el pasado jueves 19 de febrero, se transformó rápidamente en una de las mayores catástrofes pluviales de los últimos años para la capital de Entre Ríos. El fenómeno meteorológico descargó más de 120 milímetros de agua en un lapso de tiempo extremadamente corto, colapsando los sistemas de desagüe y provocando el desborde de arroyos.
Un desenlace fatal
La noticia más dolorosa se confirmó en las últimas horas con el hallazgo del cuerpo de la niña de 10 años que había desaparecido junto a su madre el jueves. Ambas fueron arrastradas por la fuerza de un arroyo que desbordó y destruyó su vivienda en medio de la tormenta.
Ciudad bajo agua y servicios afectados
El temporal no solo afectó a las zonas ribereñas. En el centro de la ciudad, se registraron escenas dramáticas, incluyendo el rescate de una mujer que fue arrastrada por la correntada en la calle Pascual Palma. Barrios como La Toma Nueva quedaron completamente anegados, con el agua ingresando a decenas de viviendas y provocando la pérdida de bienes materiales para numerosas familias.
Por su parte, la empresa Enersa trabajó intensamente para restablecer el servicio eléctrico en los sectores donde la caída de árboles y ramas sobre el tendido dejó a miles de usuarios sin luz durante el pico del temporal.
Situación actual y pronóstico
A día de hoy, el clima ha comenzado a estabilizarse. Según el pronóstico para este domingo 22 de febrero, se espera un cielo mayormente despejado con temperaturas que rondarán los 22°C, lo que permitirá avanzar con las tareas de limpieza y asistencia a los damnificados.
Sin embargo, el impacto emocional y estructural en la comunidad paranaense permanece, reabriendo el debate sobre la infraestructura hídrica y los asentamientos en zonas de riesgo ante eventos climáticos cada vez más extremos.
