El norte y centro del país sufrieron el impacto casi simultáneo de dos potentes terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 con apenas 40 segundos de diferencia. Las autoridades decretaron el estado de emergencia tras registrarse colapsos de edificios y decenas de réplicas que mantienen a la población en las calles.
Venezuela atraviesa horas de profunda conmoción y máxima alerta tras sufrir el evento telúrico más potente registrado en el país en los últimos 126 años. Durante la tarde de este miércoles, la región centro-norte del país fue sacudida por un fenómeno sismológico excepcional calificado por los expertos como un «doblete sísmico»: dos terremotos principales e independientes de magnitud 7,2 y 7,5, que ocurrieron de forma consecutiva con un intervalo de apenas 39 segundos.
El balance oficial preliminar brindado por el Ejecutivo nacional confirma al menos 164 víctimas fatales y 971 heridos, una cifra que amenaza con incrementarse a medida que los equipos de rescate avanzan sobre los escombros de decenas de edificaciones colapsadas. Las zonas más golpeadas comprenden el Distrito Capital (Caracas), el estado La Guaira —declarado en zona de desastre—, así como los estados de Miranda, Aragua, Carabobo y Yaracuy, estos últimos muy cercanos a los epicentros.
Un fenómeno más destructivo que las réplicas comunes
A diferencia de una secuencia convencional donde un sismo principal es seguido por réplicas menores, el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS) explicó que la fractura inicial no liberó la energía acumulada, incrementando la tensión en un segmento cercano de la falla de Boconó. Esto generó un segundo terremoto (7,5) aún más violento que el primero (7,2). Los especialistas advierten que este tipo de secuencias duplica la destrucción, dado que el segundo movimiento impactó sobre estructuras ya severamente debilitadas por la primera sacudida.
Posteriormente al doble evento principal, la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) y las autoridades nacionales contabilizaron al menos 30 réplicas continuas, con magnitudes variables que incluyeron movimientos perceptibles de hasta 3,6 grados en la escala de Richter. Esta incesante actividad subterránea provocó que miles de ciudadanos en Caracas y el occidente del país optaran por pasar la noche a la intemperie, en plazas y avenidas, por temor a nuevos derrumbes.
Colapso de infraestructura y parálisis de servicios
Los daños materiales son cuantiosos y masivos en las principales zonas urbanas:
Aeropuerto Internacional Simón Bolívar de Maiquetía: Sufrió daños estructurales de gran consideración en sus terminales, obligando a las autoridades a suspender de inmediato todas las operaciones aéreas nacionales e internacionales.
Transporte masivo de la capital: Tanto el sistema Metro de Caracas como el Instituto de Ferrocarriles del Estado paralizaron sus operaciones de manera preventiva para evaluar las vías y túneles.
Servicios básicos bloqueados: El suministro de gas directo residencial fue interrumpido en miles de hogares por seguridad ante fugas, mientras se reportan extensos apagones y caídas en las redes de telecomunicaciones.
La presidenta encargada de la República, Delcy Rodríguez, decretó formalmente el Estado de Emergencia Nacional. En su última alocución, enfatizó que la prioridad absoluta está volcada a las labores humanitarias y de salvamento: «Lo principal es rescatar vidas, después veremos cómo se encara la reconstrucción material», puntualizó. Para facilitar el despliegue de los cuerpos de Protección Civil, bomberos y fuerzas de seguridad, el gobierno suspendió las clases por el resto de la semana y canceló las actividades laborales no esenciales.
