Erize: el pueblo de una sola calle que se resiste a ser un fantasma

En el corazón del partido de Puan, al sur de la provincia de Buenos Aires, el tiempo parece haberse detenido en una única calle de cuatro cuadras. Se trata de Erize, un pequeño paraje rural que hoy alberga a menos de 30 habitantes, pero que guarda entre sus paredes descascaradas el eco de una época dorada.

Durante las décadas de 1940 y 1950, Erize bullía de actividad con más de 500 residentes que daban vida a sus comercios y campos. Sin embargo, el declive del sistema ferroviario —el motor que fundó tantos pueblos bonaerenses— inició un éxodo lento pero constante. Hoy, el paisaje está dominado por casas a un lado del camino y las vías del tren, ahora silenciosas, al otro.

A pesar de la soledad y la presencia de edificaciones abandonadas que amenazan con convertirlo en un punto olvidado del mapa, sus pocos vecinos mantienen la identidad del lugar. El silencio solo es interrumpido por el viento que sopla desde una laguna salada cercana, recordándole a los visitantes que, aunque pequeño, Erize sigue respirando.

Lugares como este, junto con otros parajes de población mínima como Indacochea (5 habitantes) o Lumb (2 habitantes), representan el último bastión de una forma de vida rural que lucha por no desaparecer frente a la urbanización masiva.

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