Exposición en el congreso sobre la Ley del Aborto de Florencia Álvarez Travieso

EXPOSICIÓN EN LAS REUNIONES INFORMATIVAS SOBRE LEGALIZACIÓN DEL ABORTO ANTE LA COMISIÓN DE LEGISLACIÓN GENERAL
03 DE DICIEMBRE DE 2020


Buenos días. Ante todo quiero agradecer la posibilidad que me brindan de estar hoy aquí y poder expresar la posición de las organizaciones que represento.
Es muy doloroso para una mujer peronista tener que exponer ante nuestros representantes por estas circunstancias. Más aún, en el debate de un proyecto que fue presentado por el Ejecutivo, en un gobierno de coalición por el que apostaron muchos compañeros y compañeras. A todos ellos quiero decirles: no están solos. Somos mayoría los peronistas que creemos en la vigencia de nuestra doctrina. Somos mayoría los que todavía creemos que hay que gobernar junto al pueblo, no desde arriba ni desde abajo, sino a su lado, acompañando antes que imponiendo. Somos mayoría los compañeros que abrazamos la vida.


Jamás un presidente peronista dudó en defender la vida de los más vulnerables. Todos comprendieron el valor intrínseco de cada argentino y su aporte estratégico al crecimiento de la Patria. Y lo demostraron con sus palabras y con sus hechos. Perón y Evita dejaron sentado un camino claro en la defensa irrestricta de los argentinos por nacer. “Cada hijo del pueblo que no nace es un hombre menos en las filas de la defensa de la Patria”, decía Evita.
Es cierto que esa frase fue exclamada hace muchos años, pero también es cierto que las condiciones estructurales para el desarrollo estratégico de nuestro país no han mejorado desde entonces. Y así lo entendió cada uno de los presidentes justicialistas. Carlos Menem impulsó una reforma constitucional que resguardó el valor de la vida desde la concepción. Nestor Kirchner afirmó que siempre fue claro su rechazo al aborto, cuando su ministro de salud intentó imponer el debate que hoy estamos manteniendo. Cristina Fernández fue mucho más lejos: con la asignación universal por embarazo equiparó plenamente los derechos de los niños por nacer a los de los ya nacidos.
A los peronistas nos tocó poner el cuerpo en los peores momentos de nuestra historia. Sabemos de dolores y sabemos de ausencias. Sabemos de persecuciones y sabemos de muerte. Pero también sabemos levantarnos, sabemos defender nuestras convicciones y tenemos una certeza: nunca abandonaremos a los más vulnerables, siempre seremos voz de los que no tienen voz. Por eso estoy hoy aquí, intentando transmitir lo que pensamos y sentimos buena parte de los compañeros y compañeras del campo nacional y popular.
Yo quisiera preguntarles a nuestros diputados y diputadas: ¿tienen en claro a quién están representando? ¿Han visto la pasión y el convencimiento con que miles de mujeres de nuestros barrios luchan por la vida de sus hijos? Procurando darles un mejor porvenir, preservándolos de las garras de los mercaderes de la muerte que están a la vuelta de la esquina? Yo les pido que las escuchen. Que se tomen el tiempo de acercarse, que no las invisibilicen. Ellas saben que la vida es imperfecta sí, y por momentos difícil, muy difícil. Pero se aferran a la esperanza, se organizan y se sostienen en la comunidad. No buscan más pérdidas, abrazan la vida.
No podemos perder de vista el rostro concreto de cada persona y reducir su existencia a una fría estadística. Los argentinos no somos números, no somos fenómenos y no somos descartables. Cada vida es única e irrepetible. Hoy más que nunca, debemos ser responsables de construir una cultura que se sustente en lo que siempre hizo fuerte a nuestro pueblo: la hermandad, la solidaridad, el respeto por la dignidad de cada persona humana, especialmente por los más frágiles.
Voy a detenerme en este punto. ¿Cómo permitimos que la cultura del descarte penetrara nuestra sociedad hasta el punto de poner en debate la vida misma? La cuestión del aborto no estaba en la agenda de los gobernantes elegidos por mandato popular, ni mucho menos en elpueblo argentino. Y en esto quiero ser clara: nos lo impusieron. Cuando el proyecto económico del gobierno anterior se caía a pedazos tuvieron que recurrir a la más violenta cortina de humo que podamos recordar: entregar la vida y la dignidad de los niños por nacer para tapar el desastre. Nos quisieron hacer creer que el deseo de una minoría burguesa y centralista era la voz de todo un pueblo. Sepan que no lo es. Y sepan los compañeros que al apoyar esta iniciativa apoyan el proyecto del más rancio liberalismo económico, al que hemos combatido desde que tenemos memoria.
Este debate parte al medio la unidad de nuestro pueblo, genera más angustia en un contexto especialmente difícil. Hace algunos meses, nuestro Presidente afirmó: “Nadie sobra, todos hacen falta”. Y nos convocó a construir una cultura del encuentro. Pero la piedra angular de cualquier encuentro verdadero es respetar la dignidad del otro, sin importar ninguna de sus características particulares. No tiene justificación negarle la condición de persona al niño por nacer para poder descartarlo. Privarlo del derecho a la vida, por su condición, es un paso en la construcción de una sociedad deshumanizada.
Quizás la manera de suturar grietas es evitando los abortos, no legitimándolos para favorecerlos. Lo primero que debemos hacer es avanzar sin demoras en un camino que se esfuerce en prevenir las siempre dolorosas consecuencias del aborto, salir de la dialéctica que trasforma la tragedia en un derecho. Avanzar en una agenda que acompañe, no que descarte. Yo les aseguro, compañeros diputados y diputadas que por ese camino encontrarán a todo una comunidad organizada deseosa de trabajar codo a codo para cuidar, dignificar y defender la vida, todas las vidas.

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