La histórica fabricante argentina de neumáticos cesa sus actividades en Virreyes, San Fernando. La decisión implica el despido de 920 trabajadores y marca un hito crítico para el sector productivo nacional.
En una jornada que sacude los cimientos de la industria automotriz argentina, la empresa Fate S.A.I.C.I. confirmó el cierre definitivo de su emblemática planta de producción de neumáticos. La firma, de capitales nacionales y perteneciente al grupo Madanes Quintanilla, pone fin a ocho décadas de trayectoria alegando una crisis de competitividad insostenible.
El impacto social y laboral
El cierre conlleva el despido de la totalidad de su nómina directa, compuesta por 920 operarios y personal administrativo. La planta, situada en la localidad de Virreyes (San Fernando), se encontraba paralizada desde hacía un mes en el marco de una creciente tensión laboral y un conflicto paritario que se extendió por más de un año sin acuerdos salariales.
Las causas del «persianazo»
Según informaron fuentes de la compañía y medios especializados, la decisión responde a una combinación de factores económicos asfixiantes:
–Apertura de importaciones: El ingreso de productos extranjeros a menores costos habría erosionado la participación de mercado de la marca nacional.
–Conflicto sindical prolongado: Meses de medidas de fuerza por parte del SUTNA ante la falta de aumentos salariales frente a una inflación que superó el 30% anual en el sector.
–Baja rentabilidad: La empresa ya había advertido previamente sobre las dificultades para sostener una estructura de costos local frente a la competencia regional.
Un golpe a la cadena de valor
Fate era la única fabricante de neumáticos de capital 100% argentino. Su salida del mercado no solo afecta a los empleados directos, sino que pone en alerta a las otras dos grandes del sector, Pirelli y Bridgestone, y deja un vacío en la cadena de suministros que afecta a unas 5.000 familias vinculadas indirectamente a la actividad.
Desde el gremio SUTNA se han denunciado despidos «ilegales y sorpresivos» en los meses previos al anuncio final, mientras que el sector industrial observa con preocupación cómo se desmantela uno de los pilares de la manufactura local.
