El exmagistrado del fuero Penal Económico falleció esta semana tras una extensa trayectoria en la Justicia y el ámbito político. Recordado como «el juez del moñito», cobró enorme trascendencia pública por sus fallos firmes contra el poder político durante el menemismo.
El ámbito judicial y político nacional despide a una de sus figuras más singulares y combativas. El exjuez en lo Penal Económico Julio Enrique Cruciani murió a los 92 años, según confirmaron sus allegados y referentes de su espacio político. La noticia fue comunicada inicialmente por Daniel Madeo, titular del Partido Federal, quien expresó su «profundo dolor» por el deceso de quien consideró «un extraordinario ser humano que nos honró con sus consejos y su compromiso público».
Nacido en la localidad bonaerense de Rafael Castillo, Cruciani tuvo una vida multifacética: en su juventud llegó a competir en el automovilismo dentro del Turismo Nacional y el Turismo Carretera antes de abocarse de lleno a las leyes. Sin embargo, su consagración pública llegó en los tribunales, donde ejerció como magistrado durante 17 años con un perfil marcadamente independiente y mediático, caracterizado siempre por el uso de un moño en lugar de la corbata tradicional.
Durante su paso por el fuero Penal Económico, Cruciani se convirtió en un verdadero dolor de cabeza para el poder de turno. Entre sus causas más resonantes se encuentra el encarcelamiento en 1998 del exsecretario de Turismo menemista, Omar Fassi Lavalle, por evasión fiscal agravada. También llevó adelante investigaciones de alto impacto como la célebre «Operación Langostino» —vinculada al contrabando de cocaína— y expedientes complejos que involucraron al grupo Yoma y al financista Mariano Perel.
Su rectitud le valió fuertes cruces con sus superiores y con la Cámara del fuero, al punto de llegar a denunciar persecuciones internas y solicitar el juicio político para miembros de la Alzada. En reiteradas ocasiones, el propio magistrado reconoció que el respaldo de la prensa y de la opinión pública fue lo único que impidió que sus denuncias terminaran costándole su propia libertad.
En el año 2005, bajo la premisa de haber agotado una etapa, Cruciani renunció a su cargo en los Tribunales para volcarse formalmente a la política partidaria. Fundó la agrupación Confederación Vecinal y posteriormente asumió la conducción del histórico Partido Federal, presentándose como candidato a legislador nacional en las elecciones de 2005, 2007 y 2009. Aunque no logró obtener una banca en el Congreso, mantuvo intacto su perfil de consultor y referente de consulta permanente sobre transparencia institucional.
Con su partida, la justicia argentina pierde a un exponente de una época de fuertes tensiones institucionales; un hombre que, desde la dignidad y el llano, demostró que era posible aplicar la ley sin importar el peso del apellido de los imputados.
