«Pero yo tengo personalidad» por ✍ Carlos Fara

Hace casi 30 años se estaba debatiendo el senado argentino un proyecto de reforma constitucional para habilitar la reelección de Menem. La oposición, junto a algunos legisladores peronistas críticos del presidente, intentaban trabar la movida. Como siempre pasa en esas situaciones, había algunos dudosos. Esos estaban sometidos a intensas presiones, con lo cual su conducta en el recinto se volvía impredecible. En el medio de la trifulca, un importantísimo operador de un senador justicialista opositor dijo: “Hay que parar, (fulano) está sobre operado”. Esto significaba, que no era buen momento para seguir presionándolo, so pena de que hubiese un efecto boomerang.

Los protagonistas más hábiles de la política, además de seductores, astutos y hábiles negociadores, son profundos lectores de la psicología de los seres humanos. Por supuesto se pueden equivocar como cualquiera, pero existen más probabilidades de que “le saquen la ficha” a una contraparte, y así lograr su cometido. Aquel operador, que mantendremos en off, siempre fue un gran cuadro político con profunda comprensión del escenario en el que se estaba moviendo.

Más allá de su astucia, su capacidad de seducción, su habilidad para conducir políticamente y sus herramientas retóricas, CFK a veces “se pasa tres pueblos”, como suele decirse en castizo. Alberto Fernández, con todas sus limitaciones y errores, tiene su personalidad. ¿Débil? Quizá. ¿Errática? También. ¿Auto sobrevalorado? Muy probable. Pero como todo animal de la política, ego no le falta. Por lo tanto, en algún momento hasta el perro más manso, cuando lo molestan mucho tira el tarascón. Esto es lo que ha pasado en estas últimas horas y puede ser un dato fundamental para proyectar el proceso político argentino de corto plazo.

Hay un problema con los dirigentes que creen que las cosas solo se logran a presión: carecen de matices y de variantes tácticas. Como la presión les funciona en muchas oportunidades, su reacción natural hace que no midan con precisión los límites y consoliden un punto de no retorno. ¿Cuál sería ese punto de no retorno? Aquél en el cual el presionado deja de sentir el efecto de la presión y por lo tanto construye una coraza que lo vuelve inmune. No necesariamente eso es una buena noticia, porque dicha coraza produce insensibilidad al entorno en todas las circunstancias, lo cual puede volverlo más propenso a equivocarse. Sin embargo, habrá sorteado con eficacia de corto plazo una determinada presión.

Es interesante, porque alguien que aspire a líder debe tener la suficiente sofisticación mental y estar muy bien parado en sus cabales para distinguir cuándo debe ser insensible a las presiones y cuándo debe ceder a las mismas, cuándo debe presionar o levantar el pie del acelerador cuando ve excesiva resistencia. Los más geniales en la historia construyen eso a lo largo de su vida, en una rara mezcla de picardía y sabiduría.

Volviendo a la coyuntura, Alberto parece haber entonado el famoso tema de jazz “Cuando los santos vienen marchando” y sacó su coro de góspel a responder al discurso de la vicepresidenta del viernes en Chaco. Guzmán, Kulfas, Argüello y el mismo presidente -con la participación estelar del embajador americano- mostraron una coordinación discursiva y política pocas veces vista en estos dos años y medio de mandato (ninguno de ellos es un “santo”, pero jugaron a que sí, ja). Cristina, que no come vidrio, seguro estará recalculando sus maniobras porque no puede lucir desairada frente a su “títere”, que obviamente no es tal ya que si no, no habría conflicto entre Gepetto y Pinocho. Pero lo hay y los seguirá habiendo.

Pero claro, Alberto tiene su costado débil también. Por una lado, confirmó su candidatura presidencial 2023 –“Y por qué no? Quién es más competitivo que yo dentro del Frente?”- al mismo tiempo que responde desde España. Por el otro, uno de sus ministros cuestionados –Moroni- ayer convalidó el pedido de Máximo de adelantar 8 meses la suba del salario mínimo, vital y móvil, desactivando así un frente de tormenta en el Congreso. Una de cal y una de arena. ¿Ladra pero no muerde? Siguen los interrogantes y las tensiones.

Por las dudas, como la Argentina no tiene muchos problemas, la principal oposición continúa con sus peleas por los diarios imitando al Frente de Todos. Milei, que ha bajado sabiamente su nivel de exposición en los últimos días, tiene una agenda abarrotada de reuniones de todo tipo y color, porque ha pasado de ser un personaje pintoresco a convertirse en una amenaza real. La semana que viene dará una charla en el Club del Petróleo y ya está “sold out”, además de una enorme cantidad de dirigentes de base que se van a ofrecer para trabajar con él.

Como reza Charly García en el tema “No voy en tren, voy en avión”: “Algunos piensan que soy mixto, pero yo tengo personalidad”. Alberto, cultor del rock nacional, parece haberse inspirado en esa estrofa cuando dijo al diario El País “…decían que yo sería un títere de ella. Pero la verdad es que yo tomo las decisiones”. Está por verse.

(Para 7 Miradas)