Este domingo 21 de junio, las familias de todo el país se reúnen para homenajear a los papás. Aunque la costumbre comercial y civil está completamente instalada, la elección de esta fecha esconde un origen norteamericano y un viejo debate histórico con el Padre de la Patria.
Cada tercer domingo de junio, los hogares argentinos se llenan de asados, reencuentros y regalos. El Día del Padre ya es un clásico indiscutido de nuestra cultura, pero pocos recuerdan que la fecha actual no tiene raíces locales, sino que responde a una tradición adoptada de los Estados Unidos a mediados del siglo pasado, desplazando un homenaje originalmente pensado para el General José de San Martín.
El origen de la fecha: la historia de una hija agradecida
La celebración global que rige hoy comenzó a gestarse a principios del siglo XX en Washington, Estados Unidos. Una mujer llamada Sonora Smart Dodd quiso rendirle un homenaje especial a su padre, William Jackson Smart, un veterano de la Guerra Civil norteamericana que había criado en soledad a sus seis hijos luego de que su esposa falleciera durante un parto.
Inspirada por la reciente creación del Día de la Madre, Sonora propuso el mes de nacimiento de su padre (junio) para establecer la efeméride. Tras décadas de popularidad creciente, el presidente estadounidense Lyndon B. Johnson firmó una proclamación en 1966 para declarar el tercer domingo de junio como el día oficial, medida que luego el mandatario Richard Nixon convirtió en ley en 1972.
El cambio en el calendario argentino
En la Argentina, la historia avanzó por un carril muy diferente. El primer festejo oficial del Día del Padre se realizó el 24 de agosto de 1958. Aquella fecha no fue azarosa: se instituyó en honor al General José de San Martín, considerado el «Padre de la Patria», coincidiendo con el día del nacimiento de su única hija, Mercedes Tomasa de San Martín y Escalada, en 1816.
Sin embargo, durante la década de 1960, el país decidió modificar el calendario civil y unificar la celebración con el criterio internacional. Los motivos principales de este cambio radicaron en la necesidad de facilitar la organización de los festejos escolares y, fundamentalmente, por la fuerte influencia comercial y mediática de la época, que buscaba posicionar la fecha en un domingo para fomentar los encuentros familiares y el consumo.
Una excepción que resiste
A pesar de la globalización de la fecha, existe un rincón del país que mantiene viva la memoria histórica. En la provincia de Mendoza, por ley local, se sigue reconociendo oficialmente el 24 de agosto como el verdadero Día del Padre en honor al prócer, quien gobernó la intendencia de Cuyo durante la gesta libertadora.
Más allá de los debates históricos o de los intereses comerciales que definen si se festeja un domingo u otro, la jornada se consolidó en todo el territorio nacional como una oportunidad invaluable para reconocer el afecto, la guía y el acompañamiento de quienes ejercen la paternidad en la vida cotidiana.
