Las consultoras de opinión pública enfrentan un dilema estructural: la demanda por estudios más rápidos y amplios crece, pero mantener la infraestructura para ejecutarlos genera costos fijos que limitan su expansión. En el mercado de la investigación de opinión pública, la velocidad se ha convertido en un activo competitivo de primer orden. Los clientes requieren datos frescos en ventanas de tiempo cada vez más estrechas. Pero la mayoría de las encuestadoras operan bajo un modelo que no fue diseñado para esta realidad: mantienen equipos propios de encuestadores, centros de llamadas, licencias…
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