Especialistas en psicología positiva destacan los beneficios del «saboriseo», una práctica que entrena al cerebro para prolongar y profundizar las emociones positivas.
A diferencia de la atención plena (mindfulness) general, esta técnica se enfoca exclusivamente en exprimir el jugo a las experiencias agradables del presente, el pasado y el futuro.
En un ritmo de vida hiperconectado y acelerado, la capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas parece haberse convertido en un lujo. Sin embargo, la psicología científica propone una herramienta concreta para contrarrestar el sesgo negativo del cerebro: el savoring (o saboreo). Esta técnica consiste en el acto consciente de tomarse el tiempo para percibir, apreciar y prolongar las experiencias positivas de la vida.
A diferencia del mindfulness, que nos invita a observar el momento presente de forma neutral y sin juzgar (tanto lo bueno como lo malo), el savoring es una regulación activa de las emociones. Su objetivo es deliberado: amplificar y extender el placer de un buen café, un elogio en el trabajo, un paisaje o una charla con amigos.
Las tres dimensiones del saboreo
Los creadores de este concepto, los psicólogos Fred Bryant y Joseph Veroff, demostraron que el ser humano puede practicar el savoring en tres tiempos diferentes:
- Anticipación (El futuro): Disfrutar de la expectativa de algo bueno que va a suceder, como planificar unas vacaciones o imaginar una cena rica.
- Reminiscencia (El pasado): Revivir momentos felices ya vividos a través de recuerdos, fotos o anécdotas, reactivando la química del bienestar en el cuerpo.
- Saboreo del momento (El presente): Conectarse al 100% con los cinco sentidos en una experiencia actual, bloqueando las distracciones del entorno.
Beneficios respaldados por la ciencia
Diversas investigaciones en psicología positiva revelan que incorporar el savoring a la rutina diaria genera cambios medibles en la salud mental:
- Aumento de la felicidad: Quienes lo practican reportan niveles más altos de optimismo y satisfacción con la vida.
- Reducción de la ansiedad y el estrés: Al enfocar los recursos cognitivos en lo positivo, se reduce la rumiación (el bucle de pensamientos negativos).
- Mayor resiliencia: Entrenar el cerebro para notar lo bueno ayuda a amortiguar el impacto de los momentos difíciles.
Cuatro formas sencillas de practicarlo hoy
Para empezar a implementarlo no se necesitan horas de meditación, sino pequeños cambios de enfoque:
- Compartir con otros: Contarle a alguien una buena noticia o revivir juntos un momento alegre duplica la intensidad de la emoción.
- Construir memorias: Tomar una «foto mental» del momento o guardar un objeto físico que sirva como ancla para recordar el bienestar más adelante.
- Afilar los sentidos: Al comer, escuchar música o ducharse, cerrar los ojos por unos segundos y concentrarse únicamente en el sabor, el sonido o la temperatura del agua.
- Felicitarnos a nosotros mismos: No restarle importancia a los propios logros; detenerse a celebrar el esfuerzo invertido en una tarea bien hecha.
El savoring nos recuerda que la felicidad no depende tanto de que nos ocurran eventos extraordinarios, sino de nuestra capacidad para exprimir la belleza de lo cotidiano.
