El ataque de Estados Unidos a Venezuela (TRINITI LERSCH/AFP)
Es imposible aceptar que los servicios de inteligencia chinos y rusos no supieran nada del secuestro de Maduro y de la violación de las leyes internacionales.
Una vez más se confirma que la relación entre los poderes mundiales – Estados Unidos, Rusia y China – debe ser leída con mucho cuidado, con la lente que permita descifrar la nueva geopolítica mundial. No se puede seguir argumentando esta geopolítica ni con la lógica de la guerra fría ni dando por hecho que existe un funcionamiento multipolar del mundo. No hay ninguna multipolaridad ni instancias reguladoras internacionales que sean efectivas.
El capitalismo ha unificado al mundo en un proceso irregular pero sostenido de separación entre el capitalismo y la democracia, y de reemplazo, por tanto, de las tradiciones liberales por una estrategia belicista y neoliberal en la construcción de la realidad. El juego de las relaciones de poder y sus dispositivos han ingresado a un mundo de complicidad entre los poderes y de tensiones de un desenlace imprevisible.
Esto nos habla una vez más de una situación trágica para América Latina y de una situación humillante para Europa.
Es la hora de construir un frente mundial marcado por las ideas de la democracia, la soberanía y la justicia social, sin que nada permita garantizar la posibilidad de que exista esta apuesta decisiva.
Esperar desde Latinoamérica una protección decidida y firme por parte de China o de Rusia es una ingenuidad anacrónica que impide entender como se juegan las relaciones de poder entre los distintos neoemperadores, sus zonas de influencia y la explotación de recursos.
Ha llegado la hora de un nuevo internacionalismo que implique a los diversos actores que no juegan a favor de la dominación imperial.
