El 4 de junio se celebra el Día Nacional del Queso, una jornada que rinde homenaje a uno de los lácteos más populares, versátiles y antiguos de la historia de la gastronomía mundial. Si bien el Día Mundial del Queso se conmemora formalmente a nivel internacional cada 27 de marzo, la celebración de hoy se ha extendido globalmente desde el calendario gastronómico norteamericano como la excusa perfecta para enaltecer la producción láctea, los sabores regionales y el oficio artesanal de los maestros queseros.
Este 4 de junio, los amantes de la gastronomía rinden tributo a un alimento milenario. De origen accidental a patrimonio cultural, un repaso por la historia de este infaltable de las picadas y platos cotidianos.
El queso no es simplemente un ingrediente; es el protagonista indiscutido de los encuentros, el salvador de los platos improvisados y un pilar de la identidad culinaria. Este 4 de junio las redes sociales y los mostradores de las fiambrerías se visten de fiesta para celebrar el Día del Queso. Aunque la efeméride internacional tiene su lugar el 27 de marzo, esta jornada de junio —nacida originalmente en el calendario de celebraciones de los Estados Unidos— cobró fuerza global gracias al impulso de productores, chefs y la comunidad de «turófilos» (el término formal para definir a los devotos de este manjar).
Un origen marcado por el azar
La historia del queso se remonta aproximadamente al año 8000 a.C., coincidiendo con las primeras civilizaciones ganaderas de la humanidad. Los registros históricos sugieren que su descubrimiento fue completamente accidental.
Los pueblos nómadas solían transportar la leche en odres confeccionados con estómagos de animales. Las enzimas naturales allí presentes, sumadas al calor del viaje y al movimiento, provocaron que la leche se coagulara. Al notar que este subproducto sólido no solo era comestible sino que se conservaba por mucho más tiempo, el ser humano dio inicio a una industria que hoy mueve millones de toneladas anuales en todo el mundo.
De la herencia europea al orgullo local
La técnica de elaboración cruzó océanos. En América Latina, la producción formal comenzó a expandirse con la llegada de los colonizadores europeos y las corrientes migratorias. Inmigrantes italianos y suizos, por ejemplo, trajeron consigo sus recetas ancestrales que luego se adaptaron al suelo y a la materia prima local.
Un claro ejemplo de esta sinergia cultural es el famoso queso Reggianito. Nacido de la necesidad de los inmigrantes italianos por replicar el clásico Parmigiano Reggiano, decidieron moldear hormas mucho más pequeñas para acelerar el proceso de maduración, convirtiéndose hoy en un emblema nacional.
Radiografía del consumo actual
El sector quesero se consolida como un motor clave para la economía rural y la gastronomía regional. A nivel global se calculan más de 2.000 variedades de queso, clasificadas según su maduración, tipo de leche (vaca, cabra, oveja) y consistencia.
Los preferidos de la mesa: Las variedades de pasta blanda (como el cremoso o el cuartirolo) lideran el consumo diario por su versatilidad para derretir en preparaciones caseras.
El alma de la picada: Los quesos semiduros (Gouda, Tandil o Pategrás) y los duros (Sardo y Reggianito) dominan las tablas de los fines de semana, combinados con embutidos y buenos vinos.
Aporte nutricional: Además de su indiscutido valor gastronómico, los especialistas destacan que una porción de 40 gramos aporta cerca del 25% de la ingesta diaria recomendada de calcio, además de proteínas de alto valor biológico y grasas esenciales.
La celebración de hoy invita a mirar más allá de la góndola del supermercado y valorar el tiempo, la paciencia y la dedicación que los maestros queseros depositan en cada horma para transformar la leche en una verdadera obra de arte comestible.
